martes, 8 de junio de 2010

música popular sonorense

Don Néstor Fierro Moreno (q.e.p.d.) nos ilustra diciéndonos que la música nuestra se formó a partir de la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX, de tal manera que entre las décadas de 1920 a 1960 se consolida lo que será la música popular sonorense.
La obra del maestro Rodolfo Rascón Valencia titulada Compositores sonorenses 1860-1940, editada por la Universidad de Sonora en 1992, da cuenta de prodigiosos compositores que definieron nuestra personalidad musical colectiva a través de las diversas especificaciones o géneros musicales como el vals, la polka, las mazurcas o los corridos, entre otros géneros.Reconoce el maestro Rascón Valencia que existen muchos compositores en el anonimato, pero que su obra musical está ahí, gracias a la transmisión oral que ha convertido en verdaderos iconos sonorenses a muchas de sus piezas musicales.
Sonora vivió un fenómeno interesantísimo en materia de cultura, pues llegó un nuevo género que transmitió a la música popular sonorense que hoy disfrutamos y gozamos. Al iniciarse la década de los cincuenta, la radio era el medio electrónico por excelencia al cual muchas de las familias sonorenses tenían acceso. Su objetivo, como lo es actualmente, era divertir, entretener, informar y educar promoviendo la cultura (recordemos la leyenda que ordenaba la Secretaría de Gobernación a cada disco: “el disco es cultura”).
Además de divertir, entretener y educar, la música jugó un papel preponderante. La radio de la época promovió diferentes géneros musicales. Reafirmó a los ídolos del pueblo que el cine había creado, intérpretes de música ranchera acompañados por mariachi invadieron el mundo artístico; se difunde la música romántica de tríos y solistas y se promueve la música de las grandes orquestas que, con ritmos importados de Estados Unidos y de la región del Caribe, responde a los jóvenes asiduos a los grandes salones de baile.
Justo en ese mismo tiempo, a través de la radio aparece la música del norte. Sus iniciadores fueron Los Alegres de Terán, don Tomás Ortiz y don Eugenio Ábrego, originarios de Nuevo León; poco después surgirían otros grandes duetos como Los Donneños de Tamaulipas, Los Broncos de Reynosa de Durango y muchos más que destacaron entre los años sesenta y principios de los setenta.
Los sonorenses nos identificamos con ellos porque los pioneros de la música norteña incluían en sus primeras grabaciones música de compositores sonorenses.
Así, Los Alegres de Terán convirtieron en clásico de la música norteña al chotis Amor de Madre del compositor nativo de Villa de Seris, Jesús “El Chito” Peralta; Cuatro Milpas, Mundo Engañoso, El Venadito, La Higuerita y El Tarachi del sahuaripense Aristeo Silvas Antúnez, La Barca de Guaymas del Lic. José López Portillo (no el expresidente de México). Los Broncos de Reynosa que hicieron éxito Ausencia Eterna de don Ildefonso “El Kilo" Morales de Arizpe. De los compositores anónimos sonorenses, estos duetos norteños grabaron El Novillo Despuntado, El Pájaro Prieto, La Cárcel de Cananea, El Cuervo y el Escribano, El Corrido de Joaquín Murrieta, y muchos más.
La música del acordeón con el bajo-sexto impactó a un gran sector de los jóvenes de aquella época, especialmente de las clases sociales más humildes; aquellos que trabajaban en los campos agrícolas de los grandes valles o en las ex-haciendas post- revolucionarias de la parte baja del estado. Estos jóvenes tuvieron su encuentro primario con la música a través de los conjuntos musicales conformados por indios y mestizos que ambientaban las fiestas populares y familiares. Dichos grupos estaban integrados por músicos inigualables que con maestría tocaban un violín, una guitarra y un contrabajo utilizando la “vara”.
Al momento en que los jóvenes comienzan a interesarse por aprender y ejecutar la música norteña, se inicia el movimiento supletorio instrumental para hacer una nueva forma de música popular. Se cambió el violín por el acordeón, la guitarra española por el bajo-sexto (guitarra de origen árabe) y deja de utilizarse la vara o arco del contrabajo se le suspende.
En 1955, aparece en Hermosillo el primer grupo formal norteño: Los Cuatreros de Sonora de los Hermanos Carvajal; a diferencia del norte de México, los sonorenses hicimos tríos y no duetos. Posteriormente, estos tríos se convirtieron en cuartetos y quintetos con la inclusión de la “redova” y el “saxofón”. La redova dura poco en el conjunto norteño, se elimina a principios de los años setenta y se remplaza por la “tarola”, instrumento de percusión que surge como producto del avance modernizador de la electrónica.
Uno de los atractivos para propios y extraños es nuestra música regional con la que el pueblo canta y baila y que con la que festeja y adereza los momentos importantes de la vida cotidiana.
Es en las fiestas patronales de los pueblos y ciudades donde los conjuntos norteños tienen participación importante; sin ellos, la fiesta no se daría ni se haría. En estas ferias, es común que los amantes de la música y curiosos se arremolinen junto al grupo que toca para disfrutar, gozar y bailar al escuchar las notas bien conjugadas de un acordeón, con la armonía de un bajo-sexto, los bajos “chicoteados” del “tololoche”, las percusiones de la tarola y la melodía graciosa de un saxofón en el ritmo de una polka como La Pilareña, un son o zapateado como La Vaquilla Colorada o La Loba Catrina, un corrido como El Novillo Despuntado, Pancho Guzmán o Manuel de la Vara, o bien las nostálgicas canciones de Las Cuatro Milpas, El Cuervo y El Escribano, La Pajarera o Dos Seres que se aman.
Sin duda, estamos ante un hermoso género musical que los sonorenses adoptamos hace 50 años y que sostienen vivo, humildes, pero magníficos músicos empíricos que no estudiaron la metodología académica de las reglas de la métrica y de la interpretación musical. Estos músicos reúnen en su innata inspiración la maestría musical que llevan en su ser por naturaleza. Sin instrucción musical alguna, marcan sobriamente su melodía, su armonía o sus bajos, precisando con su musical lenguaje la belleza embriagadora de nuestra canción popular sonorense.
Con todo y lo que hemos descrito, hasta hace pocos años, la música norteña era poco aceptada. Para las clases media y alta, era signo de subdesarrollo y de niveles socioeconómicos y socioculturales ínfimos. Esta actitud tenía un fundamento real. Recordemos que esta música había sido asumida por los pobres y para los pobres. Lo mismo había sucedido con el mariachi en Jalisco.
Hoy, el conjunto norteño se ha convertido en el grupo musical típico preferido en una vasta región del estado; su fisonomía y gracia es conocida en muchos ámbitos y ha roto con el clasismo y elitismo social del ayer. Actualmente, los “taca-tacas”, como hoy se les conoce, alegran los festejos familiares de la clase humilde como los de la clase media y alta. Están en los festejos de jóvenes y viejos, de hombres y mujeres del campo y de la ciudad; niños y ancianos cantan y bailan al compás de sus notas; están presentes en eventos académicos como seminarios, simposios y congresos, ilustrando o reafirmando, con documentos musicales, algunas de las tesis que proponen los estudiosos y especialistas de las ciencias sociales.

1 comentario:

  1. Bueno que Hermosillo es bonito eso nadie lo discute, que es bueno para vivir tampoco, en qué otra ciudad puede uno andar agusto a las once o tres de la mañana, cuando buscamos casa mi novio y yo nos interesaba mucho no quedar muy lejos del centro para no batallar para llegar al trabajo porque a veces se junta tráfico por el Quiroga o por la Colosio y bueno, en www.inmueblessonora.com encontramos una casa bien ubicada y sobre todo que no es una de esas casitas de fraccionamiento de ahora que no aguantan nada, ahora así a darle musiquita XD

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